-Pérez, Mancini y Torres: entre ustedes se reparten estos tres cables y me traducen uno cada uno. Vos, Garrido, recolectás lo que hayan traducido y lo ponés todo junto en la nota. Lo quiero en dos minutos en el sitio, ¿estamos? Sincronicemos relojes.... ¡YA!
Y así sale. Y así nos vamos acostumbrando a que salga. Un pegote de párrafos contradictorios que nadie se encargó de revisar y, mucho menos, de ordenar y darle un sentido. Entonces tenemos en una misma nota un único sobreviviente que, según el párrafo que se lea, tiene 8, 9 ó 10 años (lo cual nos da la pauta que los que escribieron originalmente las notas calcularon a ojo la edad del niño) y que, también según el párrafo que leamos, tenemos información sobre su estado... o no.
Y como en este blog tenemos corresponsales por doquier, los ojos revisando, contrastando y hallando vigas son muchísimos. Así es como Leonardo nos avisó de esta nota marcándonos el temor del periodista de La Nación porque hubiera viajantes británicos en el avión accidentado. ¿Será que éste se olvidó de aplicar criterio a la traducción y quitar la parte donde el periodista británico intentaba generar pánico entre sus lectores británicos suponiendo que había pasajeros británicos en el vuelo? ¿O será que, por algún motivo oscuro, realmente le preocupaba más que murieran británicos a que murieran libios y sudafricanos? Chi lo sa... por lo pronto lo que tenemos es este merengue de párrafos que, si fuera una pizza, se llamaría Gran Farola y tendría como ingredientes la suma de todos los de las pizzas ofrecidas por la cantina.

Aportó Leonardo, que sigue resistiéndose a tener blog.

